Me gusta un cementerio
de muertos bien relleno
manando sangre y cieno
que impide el respirar.
Y allí un sepulturero
de tétrica mirada,
con mano despiadada
los cráneos machacar.
Me gusta la campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto y sin verdor.
Sin pájaros que canten
y sin sol que la alumbre,
que sólo se vislumbre
la muerte en derredor.